Si un informe retratístico considera estables diferencias en anchura de boca y pliegues cuando una imagen muestra sonrisa, debe revisarse su fundamento. Se audita un análisis ya presentado: movimiento visible de tejidos, calidad y comparabilidad del estado facial en los fotogramas seleccionados.
Si un informe facial fundamenta identidad solo en relaciones entre puntos del rostro, la incertidumbre de los hitos y las condiciones no controladas requieren evaluación metodológica. Puede haber varias explicaciones, por lo que se examinan íntegramente los materiales concretos, preservando información sobre su procedencia y las condiciones de elaboración. La hipótesis se formula antes de comparar los rasgos.
Si un informe compara un selfi cercano con un fotograma distante, la anchura aparente de la nariz y el tamaño de las orejas pueden variar por perspectiva. Puede haber varias explicaciones, por lo que se examinan íntegramente los materiales concretos, preservando información sobre su procedencia y las condiciones de elaboración. La hipótesis se formula antes de comparar los rasgos.
Si un informe compara una fotografía frontal con un fotograma parcialmente cubierto por una capucha, podría registrar un detalle invisible como diferencia. La revisión debe comprobar si se ve en ambas imágenes y permite valorar su forma.
Revisión de retratos obtenidos en periodos diferentes
Si las fotografías comparativas corresponden a periodos distintos, un cambio de peinado o vello facial no significa automáticamente que sean personas diferentes. Supongamos que un dictamen enumera esas diferencias sin explicar su importancia entre los demás rasgos disponibles.
Un dictamen de comparación facial utilizó un fotograma mejorado con IA
Si el examen utiliza un fotograma ampliado y mejorado, pero el original contiene menos detalles del rostro, debe comprobarse el origen de los rasgos comparados. El tratamiento puede facilitar la visualización, pero una mayor nitidez aparente no prueba que cada detalle estuviera en la señal original.